Una llamada de un número desconocido puede parecer una situación cotidiana, pero detrás de ella puede existir un intento de fraude. En los últimos años, los ciberdelincuentes han perfeccionado sus métodos para utilizar el teléfono como puerta de entrada a estafas que combinan ingeniería social, suplantación de identidad y herramientas digitales.
En Perú, las llamadas desconocidas, especialmente aquellas provenientes de números internacionales, han despertado nuevas alertas. Sin embargo, el verdadero peligro no siempre está en contestar, sino en lo que puede ocurrir después: entregar información confidencial, devolver una llamada, ingresar a un enlace o realizar una operación bajo presión.
¿Por qué una llamada puede convertirse en una amenaza?
Una de las técnicas más utilizadas es el robocall, mediante la cual sistemas automatizados realizan numerosas llamadas para identificar qué números están activos y son atendidos por personas reales. Esta información puede terminar formando parte de bases de datos utilizadas posteriormente para campañas de fraude.
A esto se suma el spoofing, una técnica que permite modificar el número que aparece en la pantalla del teléfono. De esta manera, una llamada fraudulenta puede aparentar provenir de un banco, una empresa conocida o incluso de un número local. El objetivo es generar confianza y reducir las sospechas de la víctima.
También existe el uso de VoIP (Voice over Internet Protocol), que permite realizar llamadas a través de Internet y facilita que los delincuentes utilicen números que parecen internacionales o difíciles de identificar. Estas técnicas pueden combinarse entre sí para hacer que una comunicación fraudulenta parezca legítima.
El fraude también puede comenzar con una llamada que nadie contesta
Una de las modalidades más conocidas es la estafa Wangiri. El procedimiento es sencillo: la víctima recibe una llamada muy corta, generalmente desde un número internacional desconocido, que termina antes de que pueda contestar. La intención es despertar curiosidad y conseguir que la persona devuelva la llamada.
El riesgo está precisamente en ese segundo paso. Al devolver la llamada, podrían generarse cargos elevados dependiendo del número y del servicio involucrado. En Perú, esta modalidad ha generado alertas recientes ante el incremento de llamadas internacionales desconocidas.
Por eso, una llamada perdida aparentemente inofensiva puede ser el primer intento de interacción de una estrategia mucho más amplia.
Cuando el estafador se hace pasar por alguien de confianza
Otra modalidad frecuente es la suplantación de identidad. El delincuente puede presentarse como trabajador de un banco, una empresa o un área de seguridad y utilizar información básica de la víctima para hacer que la conversación parezca auténtica.
Por ejemplo, puede afirmar que se detectó una compra sospechosa o que el usuario ganó un beneficio. Luego solicitará información adicional para “validar” su identidad: número de tarjeta, fecha de vencimiento, código de seguridad o claves.
Esta modalidad explota uno de los principales recursos de la ingeniería social: generar urgencia y confianza al mismo tiempo. La persona siente que debe actuar rápidamente para evitar un supuesto problema o aprovechar una oportunidad.
Entidades financieras como Interbank recomiendan no proporcionar por teléfono información confidencial de las tarjetas y verificar cualquier comunicación sospechosa utilizando canales oficiales.
El teléfono y el mundo digital están cada vez más conectados
El problema es que una estafa telefónica ya no necesariamente termina en una llamada. Los delincuentes pueden utilizar SMS, páginas web falsas o enlaces para llevar a la víctima hacia otros canales digitales.
Un mensaje puede pedir que se llame a determinado número para recibir un premio o dirigir al usuario a una página que imita la de una institución conocida. Desde allí, pueden intentar obtener información financiera o inducir la descarga de software malicioso.
Esto demuestra que la seguridad digital no depende únicamente de contar con contraseñas seguras o aplicaciones protegidas. También depende de qué información compartimos, dónde la compartimos y qué pasos seguimos antes de realizar un pago.
Más seguridad también significa exponer menos información
Frente a este escenario, utilizar métodos de pago que reduzcan la necesidad de compartir información financiera sensible puede convertirse en una medida adicional de protección.
Con PagoDirecto, los usuarios pueden realizar sus depósitos utilizando alternativas como códigos CIP, QR o el acceso directo a billeteras digitales, dependiendo del canal disponible. En el caso del código CIP, por ejemplo, el usuario puede realizar el pago sin ingresar directamente los datos de su tarjeta en el proceso.
Esto no significa que ningún método de pago pueda estar completamente libre de riesgos. La seguridad también depende de mantener protegidos los dispositivos, evitar enlaces sospechosos y utilizar únicamente canales oficiales. Sin embargo, reducir la cantidad de información financiera que debe compartirse durante una operación disminuye las oportunidades para que terceros intenten utilizarla de manera fraudulenta.
La mejor defensa comienza antes de realizar el pago
Las estafas telefónicas evolucionan constantemente y pueden combinar llamadas, mensajes, páginas falsas y diferentes técnicas de ingeniería social. Por eso, mantenerse alerta es tan importante como contar con herramientas digitales seguras.
Si recibes una llamada sospechosa, evita compartir información confidencial, no devuelvas llamadas internacionales desconocidas y verifica cualquier solicitud a través de los canales oficiales de la institución involucrada.
Y cuando llegue el momento de realizar un pago digital, optar por alternativas que simplifiquen el proceso y reduzcan la exposición de tus datos financieros puede ayudarte a tener una experiencia más segura.
